martes, 18 de noviembre de 2008

El boom del plástico vegetal


El boom del plástico vegetal
El destino no alimentario de los productos agrícolas está de moda gracias a los biocombustibles. En Estados Unidos, las plantaciones de maíz para etanol avanzan a pasos agigantados y en Europa se estudia la produción de biodiésel en base a raps. Sin embargo, son varios los indicios de que luego del boom de los biocombustibles se acerca otro remezón: la producción de plásticos de origen vegetal. Botellas de agua mineral hechas en base a maíz y cajas transparentes para frutas fabricadas con trigo, son parte de la revolucionaria oferta que se está tomando las góndolas de los supermercados.
Esta tendencia es el resultado de la presión ambientalista de los consumidores, el valor del petróleo y el auge de la investigación científica.
De hecho, el gigante automotriz Toyota divulgó un estudio que cifra en US$ 38 mil millones ese mercado para 2020. Y la firma nipona, conocida por liderar las tendencias al interior de esa industria, proyecta levantar su propia planta de partes y piezas hechas con materiales orgánicos.
Con el viento a favor
'Todavía los plásticos de origen vegetal son mucho menos del 1% de toda la oferta de estos productos. Pero en la Unión Europea hay una fuerte presión por aumentar su producción. Hay supermercados que los están comenzando a usar, especialmente con los productos orgánicos', afirma Stéphane Guilbert, director del Departamento de Ingeniería en Agropolímeros y Tecnologías Emergentes del Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia.
La gran ventaja de los bioplásticos es que, a diferencia de los derivados de petróleo, no desajusta el nivel de CO2 en la atmósfera, el principal sospechoso del calentamiento global.
La materia prima de los primeros, las plantas, extrae anhídrido carbónico de la atmósfera para crecer. Una vez que un producto de bioplástico es desechado, se degrada y el CO2 resultante se libera. Lo interesante es que en este ciclo no se ha agregado una molécula de anhídrido carbónico.
Para una generación de consumidores influida por el documental de Al Gore 'Una verdad incómoda', enamorarse de los bioplásticos es casi inevitable.
Desde un punto de vista puramente racional, el alto precio del petróleo en los últimos años también ha impulsado el interés por nuevas materias primas para fabricar plásticos.
Y los científicos han puesto lo suyo. En la última década se han multiplicado los laboratorios públicos y privados que investigan formas de extraer, de manera más eficiente, bioplásticos, ya sea a través de la molienda o de procesos químicos, y cómo generar productos más rígidos, delgados o resistentes.
Los productos
Como todavía un bioplástico cuesta entre 1,5 y 3 veces más que uno hecho con combustible fósil, para Stéphane Guilbert su uso inicial apunta a nichos de mercado.
'Hay posibilidades muy interesantes en el mulch - la película plástica que se usa para aislar las plantas del suelo- , pues es muy costoso sacarlo y llevarlo a una planta de desechos o de reciclaje. Es mejor un bioplástico programado para degradarse una vez que cumplió su vida útil', afirma Guilbert.
Donde también hay posibilidades interesantes es en el empaque de alimentos.
Como los consumidores tienden a estar más atentos a la inocuidad cuando adquieren alimentos, los bioplásticos se vuelven interesantes para las cadenas de retail.
Sin embargo, para Guilbert el gran aliado de esos ecológicos productos será la comida rápida. La razón es que este rubro utiliza platos, cajas o servicios en grandes cantidades. Eso sí, el período de uso de esos productos es mínimo, generalmente sólo un par de minutos.
Como los bioplásticos pueden deshacerse en la tierra o sólo con agua, se convierten en una forma económica de reciclar esos inmensos niveles de desechos.
Según Iván Matus, investigador del Inia, es urgente que Chile asuma las oportunidades y riesgos que traen los bioplásticos.
'El país tiene una fuerte industria exportadora de frutas. Es posible que en el mediano plazo los supermercados comiencen a exigir que el empaque sea reciclable. Hay que desarrollar el conocimiento necesario para enfrentar esa demanda futura', concluye Matus.
Cómo se producen
Para crear bioplásticos se deben extraer los biopolímeros existentes en las partes nobles de la planta: por ejemplo, el grano del maíz o el trigo. Las vías tradicionales para hacerlo son dos y se pueden complementar: la molienda y la fermentación mediante microbios. Una vía promisoria de trabajo es la modificación genética de plantas para que produzcan mayor cantidad de biopolímeros.
-Esto demuestra que el ser humano es un ser estupido... tenemos a nuestra disposición una cosa asi como es un plástico biodegradable y que no se acabará como el petróleo...
Esperemos que se desarrolle más la forma de producción, la demanda, el interés de las grandes empresas por invertir y comercializarlo.. etc.